No soy yo muy dada a hablar de estos temas, pero el otro día escuché unas declaraciones de la hija de Ortega Cano, la cual, entre otras cosas por supuesto interesantísimas, contaba lo contenta que estaba por la inminente salida de prisión de su padre, de lo delgadito y en forma que le veía y de lo difícil y duro que se le había hecho estar este año sin él... no escucharle gritar en casa que recogiera la ropa... o no poder darle un abrazo. Declaraciones desgarradoras las suyas.
Lo que sí había podido hacer, cómo dejó claro el "reportaje" con las siguientes imágenes, es acompañarle a los toros, en uno de los varios permisos carcelarios que se le han concedido, ahogar la pena por su padre en la reciente Feria de Abril, o darle ese abrazo, en las frecuentes visitas de familiares que se le permiten en la cárcel. Cárcel en la que lleva, no llega a un año, debido a la pena a la que fue condenado por conducir borracho, que no ebrio, que hasta suena bien, borracho, y provocar un accidente, que a él no le ocasionó graves secuelas, ya que el cochazo que conducía absorbió todo el impacto, pero que supuso la muerte del hombre que circulaba correctamente por su carril, cuando este lo invadió y chocó de frente con él.
Un año por la muerte de un hombre, del que desconozco la opinión de sus familiares y seres queridos ante estas frívolas declaraciones, ya que a ellos no les dan un micro y una cámara para expresarse, del que tampoco conozco el dato de si tenía hijos o deseaba tenerlos con la que ahora es su viuda, pero al que estoy segurísima... desearán abrazar todos los días y ya nunca más podrán hacerlo.
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